Michelangelo Buonarroti, Leonardo da Vinci, Auguste Rodin, Vincent van Gogh, Francisco de Goya, Pablo Picasso… todos ellos grandes artistas que marcaron un antes y un después en la concepción del arte y su desarrollo. Es difícil no haberse cruzado con alguno de estos nombres en algún momento, es más, estamos seguros de que muchos podríais contribuir con algún nombre más a lista, pero ¿cuántas mujeres formarían parte de esa lista?

Hoy queremos dedicar este espacio para hablar de aquellas mujeres que son un referente en la historia del arte, de esas grandes artistas que, quizá, no son tan conocidas como Rembrandt, Monet o Velázquez, pero que sus contribuciones fueron tanto o más importantes que las de sus compañeros de profesión.

También nos gustaría dedicar estas líneas a todas esas voces femeninas que nunca pudieron reivindicar su arte por el mero hecho de ser mujeres, que se vieron obligadas a usar pseudónimos o que directamente no tuvieron oportunidad de dar rienda suelta a sus sueños. Esto va por todas vosotras.

EL PAPEL DE LA MUJER EN EL ARTE

La mujer como artista, del mismo modo que en muchos otros aspectos, ha sido históricamente relegada a un segundo plano por una sociedad patriarcal que imponía todo tipo de barreras por el simple hecho de ser mujer. Es imposible calcular todas las aportaciones y  todo el valor que se ha perdido a lo largo de la historia por una cuestión de diferencia de género.

Si atendemos a la evolución del arte y tomamos como referencia a las primeras Venus prehistóricas (entre los años 40-30 000 antes del presente (AP) y el 12-10 000 AP), pequeñas esculturas que representaban la fertilidad de la mujer y que aludían a su carácter divino por la condición de ser creadoras de vida, es aberrante cómo durante el paso de los siglos fue poco a poco desplazada de una posición de veneración hacia una condición servil y dedicada exclusivamente al cuidado del hogar.

Durante el periodo egipcio se mantuvo esa representación de fertilidad en las obras de arte, pero comenzaron a representarla en otros ámbitos, como diosa del amor, la protección, o la representación del equilibrio. Más tarde, en el periodo clásico de Grecia y Roma, se mantuvo este carácter divino en la mitología y se creó el canon de belleza clásica, pero, en la realidad, la mujer se convirtió en un ser sin derechos y atado al cuidado del hogar, tal y como se puede apreciar en vasijas y mosaicos de la época.

Es ya en la edad media cuando se empiezan a ver los primeros atisbos de la mujer artista, pese a que no nos ha llegado mucha información al respecto y, por supuesto, siempre cubiertos bajo el velo del anonimato. En este sentido, eran las mujeres de clase alta las que tenían acceso a educación en danza, música e incluso pintura, pero era tomado como un simple entretenimiento para la mujer y no como una profesión. Además, la autoría de las obras que se realizaban recaía en el cabeza de familia. Por otro lado, las monjas de los conventos también solían realizar obras pictóricas, pero siempre de forma anónima. De hecho, una de las primeras obras que se conocen con autoría de una mujer data de este periodo, concretamente del siglo X, una ilustración del Comentario del apocalipsis del Beato de Liébana con la firma “Ende pintrix dei autrix”, que significa pintora sierva de dios.

El Renacimiento marcó el inicio de la integración de la mujer en el arte como autora y no solo como inspiración para la obras. Además, las mujeres de clase alta, como las Medicci, comienzan a ser importantes mecenas de grandes artistas de la época, relaciones de las que surgirá el retrato femenino como símbolo de poder, alejándose de representaciones míticas o religiosas también propias de la época.

Cabe destacar a Sofonisba Anguissola, la que muchos afirman es la primera pintora de éxito renacentista. Una mujer que abrió las puertas a muchas artistas pictóricas de renombre como Artemisa Gentileschi o Lavinia Fontana. Destacó como retratista llegando a inmortalizar a Felipe II, pues recientemente se ha demostrado que la obra, adjudicada hasta ese momento a  Alonso Sánchez Coello, fue en realidad trabajo suyo. Algunas de sus pinturas, incluida esta última, están expuestas en el Museo del Prado de Madrid.

Si avanzamos hasta el Barroco, empiezan a aparecer más autoras, aunque el papel de la mujer todavía está sujeto a las labores domésticas. Las mujeres de clases más altas, del mismo modo que en el Renacimiento, eran las únicas que podían permitirse asistir a academias para formarse, aunque tenían vetadas varias clases como las del cuerpo al natural, lo que limitó sus contribuciones a retratos o naturalezas muertas.

La mujer más representativa del Barroco es la ya mencionada Artemisa Gentileschi, su estilo realista y algo tenebroso (influencia de Caravaggio) dotó a la historia de imágenes impactantes y con mucha fuerza. Muchos historiadores le otorgan un marcado carácter feminista, pues la representación de las mujeres en sus obras se alejan de la misoginia propia de la época y muestra a mujeres con más ímpetu, coraje y aplomo.

En el siglo XIX aparecen las primeras asociaciones de mujeres artistas y se permite que accedan a las academias artísticas, pese a que el estigma sobre el cuidado del hogar y la crianza de los hijos sigue muy presente. Algunos derechos fundamentales de la mujer comienzan a dar sus primeros pasos, y gracias a la aparición de la fotografía, Anna Atkins, considerada la primera mujer fotógrafa, publica el primer libro únicamente con imágenes fotográficas. Además, Camille Claudel, discipula y musa de Auguste Rodin, se convirtió en una escultora de éxito abriendo su propio taller durante estos años. Sus crisis nerviosas la llevaron a encerrarse en su taller, destruir sus obras y provocar su internamiento en un hospital psiquiátrico. Esta gran artista acabó enterrada en una tumba sin nombre, triste destino para una mujer con tanto talento.

El siglo XX trajo un cambio aparente en la integración de la mujer artista, pero seguían siendo una minoría en un mundo copado por la presencia masculina. Aparecen artistas como Frida Kalho, artista marcada por la tragedia que después representaría en sus obras y que cultivó el género del autorretrato mezclado con el arte popular mexicano. También apareció Meret Openheim para dar una nueva visión al surrealismo con obras como «Juego de desayuno de piel», una de los objetos más representativos de este periodo.

Tampoco se pueden olvidar nombres como Cindy Sherman, fotógrafa que ha reflejado el papel de la mujer en el mundo contemporáneo y su reflejo en la sociedad a través de sus obras, o la escultura Louise Bourgeois, más conocida como la “Mujer Araña” por sus imponentes esculturas con la forma de este insecto, inspiradas en sus traumas de la infancia.

A todas esas mujeres que se encuentra aquí y, por supuesto, a todas las que la carencia de igualdad ha enterrado sin reconocimiento, gracias.

OBRAS

Es fundamental dedicar un pequeño espacio en este artículo para dar visibilidad a algunas de las obras más importantes de la historia realizadas por mujeres. Esperemos que esto suscite algo de curiosidad y provoque la inquietud de querer saber un poco más de estas grandes artistas:

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Partida de ajedrez (Sofonisba Anguissola, 1555)

Partida de ajedrez es un óleo de Sofonisba Anguissola realizado en 1555.
Partida de ajedrez es un óleo de Sofonisba Anguissola realizado en 1555.

Partida de ajedrez es una de las pinturas más famosas de Sofonisba Anguissola. Muestra a tres de las hermanas Anguissola (eran 7 en total) jugando al ajedrez. Inmortalizar a sus hermanas era un tema recurrente para ella. La obra fue realizada en 1555.

Judit decapitando a Holofernes – (Artemisa Gentileschi, 1614-20)

Judit decapitando a Holofernes
Judit decapitando a Holofernes

Judit decapitando a Holofernes es considerada la obra maestra de Artemisa Gentileschi. Se puede apreciar con claridad la influencia del claroscuro de Caravaggio y la tendencia feminista en la representación de mujeres fuertes y valerosas, alejadas de los estereotipos de la época.

British Algae: Cyanotype Impressions – Cianotipia (Anna Atkins , 1843)

Cianotipia de Anna Atkins.
Cianotipia de Anna Atkins.

Cianotipia hecha por Anna Atkins y que formaba parte de su libro de 1843, British Algae: Cyanotype Impressions, el primer libro que contaba únicamente con imágenes.

La edad madura (Camille Claudel, 1899)

La edad madura, también conocida como El destino, o El camino de la vida, o La fatalidad.
La edad madura, también conocida como El destino, o El camino de la vida, o La fatalidad.

La edad madura es una de las obras más impactantes de Camille Claudel. En cuanto a su interpretación, se dice que tiene carácter autobiográfico y que refleja una variación del destino.

Juego de desayuno de piel (Meret Openheim, 1936)

Juego de desayuno de piel
Juego de desayuno de piel

Juego de desayuno de piel es uno de los objetos más representativos del Surrealismo y uno de los más famosos.

Las dos Fridas – ( Frida Kahlo, 1939)

Las dos Fridas
Las dos Fridas

Las dos Fridas, obra que realizó la artista mexicana en 1939, es uno de sus cuadros más famosos. Muchos historiadores creen que la pinitura refleja la herencia dual de Frida.

Una arteria conecta a las dos Fridas, desde sus manos pasando por sus corazones. Se puede apreciar que la arteria de la Frida de la derecha acaba en un pequeño retrato de Diego Rivera, mientras que la arteria de la Frida de la izquierda está cortada intencionalmente con unas tijeras.

Untitled Film Stills – (Cindy Sherman, 1977 -1980)

Una foto de la serie Untitled Film Stills en la que representa a una ama de casa.
Una foto de la serie Untitled Film Stills en la que representa a una ama de casa.

Cindy Sherman realizó entres 1977 y 1980 una serie de imágenes tituladas Untitled Film Stills, en las que se retrató adoptando clichés femeninos típicos de la sociedad machista. Nunca puso nombre a estas imágenes porque era el espectador el que tenía que encontrarle el significado.

Maman – (Louise Bourgeois, 1910)

Una de las obras Louise Bourgeois, escultura de más de 9 m de alto.
Una de las obras Louise Bourgeois, escultura de más de 9 m de alto.

Louise Bourgeois, más conocida como la «Mujer Araña», realizó Maman, ua escultura de 9 metros de altura que representa una araña. La realizó en homenaje a su madre, capaz de tejer la tela de los afectos y quedar atrapada en ellos.

A todas esas mujeres que se encuentra aquí y, por supuesto, a todas las que la carencia de igualdad ha enterrado sin reconocimiento, gracias.

A muchas de estas mujeres les hubiera gustado ser reconocidas por su arte y no solo por su condición de ser mujer, hecho  que, a día de hoy, demuestra que todavía nos queda mucho trabajo por hacer.

Puedes echar un vistazo a toda la actividad de Fundación Piquer, consultar nuestro blog, o visitar el anterior artículo de nuestra sección ‘Por la igualdad’.

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